Basta de diagnósticos y notables
propuestas. La camisa de fuerza con la que hemos sujetado al sistema político
costarricense ha llegado a un punto de quiebra, lo cual es buena o mala
noticia. Mala, si la ruptura sucede de manera violenta o destructiva o a un
altísimo costo para el Estado y para la nación costarricense. Buena, si por el
contrario es una ruptura apegada a los más arraigados valores democráticos, en
respeto del Estado Social de Derecho y en procura de justicia para la mayoría y
simultáneamente para la gran diversidad de minorías que integran nuestra
pequeña gran nación.
Sólo un iluso podría creer que si no
hacemos nada, el curso normal de las cosas arreglará nuestros más apremiantes
problemas nacionales. Si por la víspera se saca el día, la elección
presidencial que se avecina no traerá mayores cambios que nos permitan
recuperar la ilusión por una patria más próspera. Al desarrollo no llegaremos haciendo pequeñas mejoras graduales a un sistema insostenible. Llegaremos empujando de golpe y abriendo
de par en par las puertas que nos deparen un futuro merecido y de bienestar
real para todos.
Dada la vigorosa institucionalidad con
que cuenta Costa Rica, es oportuno considerar la herramienta del referéndum
para provocar una ruptura armoniosa del sistema jurídico y político,
participativa para toda la ciudadanía y que resulte en una transformación
eficaz del entrabamiento que ya comienza a sentirse patológico.
¡Convoquemos a un referéndum! Que se
vote sí o no a la creación de una Asamblea Nacional Constituyente. Que sea
integrada por representantes de toda agrupación que ofrezca pliegos de reformas
que enriquezcan la Constitución actual y no que la debiliten, para refundar la
República y que continúe virtuosa y rica por el resto de este siglo.
Que la conformación de la
Constituyente siga un proceso simple: si un grupo de mil personas presenta un
pliego de reformas que cumpla los requisitos que establecería el Tribunal Supremo
de Elecciones (TSE), obtiene el derecho de representación por medio de una
curul constituyente. Para consolidar ese derecho, deben respaldar su iniciativa
con 30.000 firmas, que es aproximadamente el número de votos necesario para
elegir un diputado en elecciones actuales.
De esta manera, se integra una
Asamblea Nacional Constituyente por 18 meses durante los cuales gobierna el
presidente de turno mientras se define la nueva Constitución. La Asamblea
tomaría todas las decisiones por mayoría simple sin derecho a apelación, y no
hay ruptura de quórum.
Habrá muchos peros. Resolvámoslos uno a uno. No nos privemos de la oportunidad
de restaurar el Estado antes de que una ruptura violenta agudice el desorden y
signifique un costo muy alto para todos y cada uno de nosotros.
Quizás
nos entusiasme la posibilidad de ejercer nuestra ciudadanía y patriotismo
democráticamente para forjar juntos un mejor futuro para todo aquel que desee
hacer de Costa Rica su hogar.
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