viernes, 14 de junio de 2013

Referéndum para una Constituyente


Basta de diagnósticos y notables propuestas. La camisa de fuerza con la que hemos sujetado al sistema político costarricense ha llegado a un punto de quiebra, lo cual es buena o mala noticia. Mala, si la ruptura sucede de manera violenta o destructiva o a un altísimo costo para el Estado y para la nación costarricense. Buena, si por el contrario es una ruptura apegada a los más arraigados valores democráticos, en respeto del Estado Social de Derecho y en procura de justicia para la mayoría y simultáneamente para la gran diversidad de minorías que integran nuestra pequeña gran nación. 

Sólo un iluso podría creer que si no hacemos nada, el curso normal de las cosas arreglará nuestros más apremiantes problemas nacionales. Si por la víspera se saca el día, la elección presidencial que se avecina no traerá mayores cambios que nos permitan recuperar la ilusión por una patria más próspera. Al desarrollo no llegaremos haciendo pequeñas mejoras graduales a un sistema insostenible. Llegaremos empujando de golpe y abriendo de par en par las puertas que nos deparen un futuro merecido y de bienestar real para todos. 


Dada la vigorosa institucionalidad con que cuenta Costa Rica, es oportuno considerar la herramienta del referéndum para provocar una ruptura armoniosa del sistema jurídico y político, participativa para toda la ciudadanía y que resulte en una transformación eficaz del entrabamiento que ya comienza a sentirse patológico. 

¡Convoquemos a un referéndum! Que se vote sí o no a la creación de una Asamblea Nacional Constituyente. Que sea integrada por representantes de toda agrupación que ofrezca pliegos de reformas que enriquezcan la Constitución actual y no que la debiliten, para refundar la República y que continúe virtuosa y rica por el resto de este siglo. 

Que la conformación de la Constituyente siga un proceso simple: si un grupo de mil personas presenta un pliego de reformas que cumpla los requisitos que establecería el Tribunal Supremo de Elecciones (TSE), obtiene el derecho de representación por medio de una curul constituyente. Para consolidar ese derecho, deben respaldar su iniciativa con 30.000 firmas, que es aproximadamente el número de votos necesario para elegir un diputado en elecciones actuales.

De esta manera, se integra una Asamblea Nacional Constituyente por 18 meses durante los cuales gobierna el presidente de turno mientras se define la nueva Constitución. La Asamblea tomaría todas las decisiones por mayoría simple sin derecho a apelación, y no hay ruptura de quórum.  

Habrá muchos peros. Resolvámoslos uno a uno. No nos privemos de la oportunidad de restaurar el Estado antes de que una ruptura violenta agudice el desorden y signifique un costo muy alto para todos y cada uno de nosotros. 

Quizás nos entusiasme la posibilidad de ejercer nuestra ciudadanía y patriotismo democráticamente para forjar juntos un mejor futuro para todo aquel que desee hacer de Costa Rica su hogar.

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