martes, 2 de julio de 2013

Planificar el país que queremos


Basta leer las noticias cada día para evaluar la dinámica social que elucubra una mezcla de tonos entre el espíritu proactivo de miles de personas que han tomado el deber y la responsabilidad en sus manos; aunado desafortunadamente, a una creciente desesperanza de que en Costa Rica puedan lograrse cambios coyunturales. Principalmente, porque las noticias sobre el desempeño del gobierno central y gobiernos locales en las últimas décadas francamente desanima, lo que tiene entre sus consecuencias, la confusión de los deberes como sociedad.

Aunque es una buena práctica retomar lo positivo ante lo negativo, no podemos evitar que noticias sobre la situación social del país recorran como torbellino de preguntas: ¿Qué nos ha hecho estancarnos en la imagen y realidad tercermundista teniendo los recursos que tenemos? ¿Qué hace que un país de casi cinco millones de habitantes no pueda surgir como un país desarrollado? ¿Que hace que una Asamblea Legislativa, un gobierno como un todo y tantas organizaciones no gubernamentales, entre otros, no logremos trabajar al unísono por el ideal de un proyecto llamado “país desarrollado”, con crecimiento positivo de índices sociales y de investigación científica, con inversiones que nos saquen de los grandes socavones de la mediocridad o el subdesarrollo? Muchas personas por sentido común o por su alta preparación (que abundan en nuestro país) podrán darme respuestas concretas o bien, quedarse en la resignada y muy usada respuesta de que “en Costa Rica no se puede gobernar”. Sin embargo, cuando reflexionamos en estos aspectos, no es posible que sigamos basados en la idea de que no se pueden lograr cambios estructurales, especialmente en un país con el potencial devengado de la historia como nación.

Los costarricenses hemos sido testigos de que los buenos principios, el empeño por salir adelante y la solidaridad fueron las claves que marcaron la historia del país, ya que muchas personas con gran visión y dedicación direccionaron el desarrollo y el auge en la economía de esta pequeña región. Nos hemos erguido al comentar que somos un país sin ejército, que somos ejemplo internacional de programas de conservación de la naturaleza y desarrollo en la educación (al menos este es el discurso colectivo). Lo mismo aplicaría en lo referente a los aspectos negativos de aquellos que con un discurso silencioso lleno de antivalores han hecho que estemos y vayamos decreciendo en índices de desarrollo social, creciente corrupción, proyectos ineficientes, falta de solidaridad y cooperación de esos representantes que un día se propusieron la gran tarea de llevar las riendas del país. Si bien es una labor de admirar porque casi que de ellos depende el futuro de todo un país, no debemos olvidar que es su trabajo, y por ello reciben un salario. Por ello deben dar cuentas. Es una responsabilidad de todo el país que la sociedad funcione de manera eficiente, mas nuestros representantes llevan gran parte de ese deber y responsabilidad porque así lo escogieron, y en algunos casos, porque el pueblo les compartió ese deber. Trabajo por el que entonces deben cuentas, y sobre todo, mostrar respeto a quienes representan.

¿Las consecuencias de la falla en la planificación, falta de acciones o de malas acciones? Innumerables, pero resalto la falta de planificación como base para el éxito de los proyectos, la falta de acciones concretas para mejorar la calidad de vida del ciudadano como son mejores vías, transporte público, sistema de salud y el aumento del salario mínimo en un país donde el costo de la vida cada día se asemeja al de países desarrollados que sí tienen salarios acordes a esos niveles. Aún más, la falta de una lucha coherente por un país desarrollado que acabe con el letargo en el desarrollo de infraestructura, y que clarifique la viabilidad de vernos muy por encima de donde hoy estamos.

Desde la perspectiva de la administración exitosa de proyectos, no se acepta que nuestro país no pueda ser más eficiente en todo su sentido. Si bien para cumplir ese alcance tenemos una serie de objetivos y metas que en su ciclo organizativo cuentan además con una cartera de proyectos vitales alimentados de sub-proyectos, es difícil aceptar la razón de los indicadores tan desesperanzadores en el alcance de los proyectos. De acuerdo con algunas definiciones un proyecto es un “conjunto de objetivos, políticas, metas y actividades a realizar en un tiempo y espacio dados, con determinados recursos”. Entonces llegamos al punto clave de valorar: ¿Cuáles acciones determinan el cumplimiento de estas metas? ¿Cuáles indicadores se utilizan para saber que los objetivos y metas son alcanzables? ¿Están en constante evaluación las acciones que llevarán a obtener los resultados en el tiempo y calidad estimados durante la planificación?

¿Hacia dónde van nuestros proyectos y políticas de desarrollo? ¿Cómo podemos los costarricenses contribuir en la mejora continua según nuestras responsabilidades ciudadanas?

Estamos buscando soluciones porque la desesperanza y el desorden se están aliando a una negatividad colectiva que solo va en detrimento de la sociedad. Semana tras semana se oyen propuestas, gente que refleja la educación por la que algunos líderes apostaron hace ya muchas décadas, pero el gobierno hace caso omiso, y es negligente a buscar el punto de cambio necesario en la dirección de toma de decisiones. Así esta tan admirada quimera llamada democracia se pierde en el ocaso a la luz de la corrupción, el desorden y la falta de voluntad. Mientras un pueblo se amalgama entre histeria, desesperanza y de vez en cuando en voces de aliento. Debemos pasar de la reflexión a la acción y esto implica ¡trabajar coherentemente por ello! Y la base debe estar en la honesta planificación. Y desde esta vorágine, una frase de Ernesto Sábato que bien puede aplicar a la urgencia de la buena planificación: si nos cruzamos de brazos seremos cómplices de un sistema que ha legitimado la muerte silenciosa.

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